En la magía, el agua es uno de los ingredientes fundamentales para que la práctica de la "gran ciencia" pueda conseguir sus propósitos esotéricos.
El agua mágica tiene que reunir ciertas condiciones especiales.
Debe ser de gran pureza.
La única aceptada es la que proecede del rocío.
Por esta causa, no se puede utilizar otra clase de agua, aunq cuando haya sido esterilizada, nu aunque provenga de un pozo sea natural o artesiano, o tomada de un río, lago o cualquier tipo de corriente.
El agua del rocío se produce de forma abundante cuando el cielo esta despejada y sin nubes, aunque también se puede conseguir en las noches serenas, aunque exista viento, y en las nubosas, con quietud absoluta.
El Agua de rocío es la humedad existente en la atmósfera que se condensa durante la noche formando gotas diminutas.
Ha sido posible comprobar que la disponibilidad de agua del rocío es mucho mayor cuando a una noche sin nubes y nueblas la sucede una mañana brumosa, o bien cuando nace un día claro y radiante, una vez despejadas las brumas que mantuvieron cerrada la noche anterior.
El agua del rocío la encontraremos, a partir de medianoche, depositada sobre las hierbas y plantas del suelo.
Hay que advertir que no es una tarea fácil recoger este tipo de agua, por lo que tiene un mérito mayor el conseguirlo. Esto es, a nuestro entender, uno de los primeros retos a los que debe someterse el principiante para demostrar su fuerza de voluntad.
Las condiciones y elementos necesarios para obtener el agua del rocío son los siguientes:
En el momento en que el tiempo sea propicio, hay que disponer de un frasco d evidrio con boca ancha y cabida de un litro. Tambien puede servir una cantimplora del mismo volumen que tenga sus paredes internas vitrificadas.
Complementariamente, se debe llevar un embudo de cristal, un paquete de algodón hidrófilo y un rollo de cuerda fina. Todos estos objetos serán nuevos, esto es que no se hayan utilizado nunca para otros propósitos.
En el momento en que se inicia el amanecer, se acudirá con los objetos citados a un prado de hierba alta. Se tomará un pedazo grande de algodón, a´tándolo a un extremo de la cuerda, mientras que el otro extremo se sujeta con la mano. Caminando con lentitud, debe arrastrarse el algodón sobre la hierba.
En el momento en que el algodón quede completamente mojado por el agua de rocío, se le estrujará con cuidado sobre el embudo, de manera que el liquido penetre en el frasco de cristal que, por lo general, se llena en muy poco tiempo.
Una vez de regreso a casa, se debe pasar el agua del rocío a través de un filtro de papel y se guardara en el recipiente adecuado, que se le tiene destinado, donde quedará muy bien protegido como agua mágica.
Todas estas últimas operaciones se deberán realizar en un lugar apartado dentro de la propia casa, en donde se tiene que disponer, si es posible, de una zona reservada que será la cámara secreta u oratorio.
Tomado del libro "Magia Naural" Ediciones Viman SA de CV